martes, 15 de enero de 2013


Bolivia, Miércoles 25 de enero de 2012


Hoy llueve en Potosí, son las 9:00 y tomo mate frente al hotel donde me hospedaré hasta mañana. Hacia el frente la terminal de micros, detrás unos bellísimos cerros color mineral. Esto es como el fin de año, se acerca el final del viaje y aparece la nostalgia, esa de los días precedentes pero también aquella que traen los recuerdos de mi gente, sus caras, sus abrazos, y se extraña. Dan ganas de escribir. Acá parece que el tiempo va mas lento como si hiciese mucho que camino estas tierras tan particulares. Esta mañana temprano partieron nuestros compañeros de ruta, tres personas especiales a quienes encontramos en un lugar igual de especial. La Isla del Sol. No recuerdo cuanto tiempo hacía que no me reía tanto. Solidarios y gentiles. Pareciera que en vacaciones uno pone en juego todo lo mejor que tiene, seducir sin intenciones de hacerlo, otra energía, no se. Asimismo, cada uno trae su mundo consigo, esos días no se muestra o si, pero va acompañado del misterio de saber que traerán en sus mochilas cada una de esas personas con las que azarosamente nos topamos en los caminos.

Si sigue lloviendo como llueve, este día no será muy diferente al que habíamos planificado con mi compañera. Ella descansa en la habitación esta ideal para dormir con lluvia. Fue loco como llegamos juntas hasta acá, un día, un cumpleaños nos sentamos cerca y comenzamos a charlar, ahí nomás supimos que comenzaba una historia Eso es lo especial de la vida, justamente, todo lo que sucede sin que lo esperemos  y que abre puertas a nuevas personas, a nuevos mundos e historias. Conocí , caminé, reí,  estos días con una gran mujer con la que espero continuar este viaje de aprendizajes y aventuras.

En cuanto a mis días en Bolivia tengo que decir  que tal como lo imaginaba es un país que valía la pena conocer, para ser sincera conocer y volver a casa para reencontrarme con un rico asado y un vaso de Fernet y amigos. Esas cosas que acá no hay y que son nuestras y que se sienten lejos. Dentro de mis humildes observaciones lo primero que pienso es en la impresionante cultura que alberga este país; que nosotros los turistas venimos a invadir un poco este desorden organizado. Los turistas ¡no entendemos nada!  no entendemos por qué manejan tan mal, por qué la mayor parte del trabajo fuerte lo hacen las mujeres, por qué se visten como lo hacen, por qué comen lo que comen, no entendemos nada, y no lo hacemos porque así debe ser. No son amables y quizá no les interese serlo, nosotros los "gringos" somos quienes intentamos comprender lo que creemos diferente, lo que no es como lo conocemos, porque acá no importa si tenes el culo perfecto, se labura de sol a sol, se tiene la piel curtida, se siente la tierra de cerca, se la respeta, acá se vive distinto, se piensa distinto, se habla poco porque no hace falta tanto chamullo para entender algunas cosas. Mejor deber ser el silencio para sentir mas; y eso esta bueno aprenderlo.

No para de llover y ya son las 10 de la mañana. Acá cerca mío está sentada una mujer Doña Viky, charlamos un rato largo, pongo mucha atención, habla cerrado. Tiene 45 años, vive en La Paz y está en Potosí por dos días de vacaciones. Espera a su compañero que según me contó trabaja mucho por todas partes aunque no quiso especificar en qué, solo dijo que que no le gusta su trabajo.
Es una señora muy amable. En este momento tiene puesto un rulero violeta; sus dientes están cubiertos de oro. Ella no viste como la mayoría de las mujeres acá, dice que es muy cargado para andar y que se ensucia,  solo lo usa para bailar la Morenada en las fiestas grandes de La Paz. Le pregunté por qué trabajan tanto las mujeres bolivianas y me dijo que a ella le parecía mejor tener su independencia económica porque sino tiene que pedirle todo al hombre. Viky dice estar conforme con el mandato de Evo Morales y que si tuviera que cambiar algo de su país sería el trato entre las personas. Me pareció buen punto.

Camino a Tupiza en Tren. 

Violeta.